La aportación del turismo al producto interior bruto (PIB) español ha ido menguando en la última década. Año tras año, desde la máxima cota del 11,7% alcanzada en 1999, la parte de la riqueza nacional generada por el sector turístico va perdiendo fuelle. Y cayendo. La aportación de la industria turística al PIB se hundió en 2009 hasta su mínimo histórico, situándose en el 10,3% de la riqueza total, según la estimación para el pasado año que se recoge en un amplio informe de la consultora Aguirre Newman.
La contribución del turismo a la riqueza nacional vuelve a su cota mínima del 10,3% catorce años después. De vuelta a los noventa
Reformas pendientes
Los problemas, lejos de estar vinculados a las vacas flacas de hoy, tienen un sesgo abiertamente estructural. Pero nadie en el sector parece dispuesto a emprender las reformas imprescindibles. España sigue anclada un modelo de turismo de masas de bajo precio que ya no puede competir con los destinos emergentes del mediterráneo, que ofrecen un producto similar un 30% más barato; sigue sin reposicionar un producto y unas infraestructuras que van quedándose obsoletas; el sector sigue sin emprender la necesaria concentración de un tejido empresarial exageradamente atomizado y dominado por pequeñas empresas familiares de gestión conservadora... Y sigue, y sigue, y sigue...
"Muchas de las ventajas competitivas que soportaban al sector turístico vacacional español están desapareciendo sin que se muestren claras la nuevas ventajas que lo van a sustentar y lo van a hacer viable y sostenible en el medio plazo", apunta el estudio de Aguirre Newman. "Es esencial si se quiere que España se siga manteniendo en las primeras posiciones como destino turístico a nivel mundial".
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